Mi historia

Mi camino en la medicina nació de una búsqueda profunda: comprender al ser humano más allá de sus síntomas.
Crecí en un entorno donde el esfuerzo, la disciplina y el compromiso eran parte de la vida cotidiana. Desde muy temprana edad entendí que lo valioso se construye con dedicación y sentido, una experiencia que marcó la base de mi desarrollo personal y profesional.


Me formé inicialmente como técnica química en la Escuela Industrial Superior, en un contexto de alta exigencia académica. Años después, esa misma búsqueda de profundidad me llevó a estudiar medicina y, posteriormente, a especializarme en psiquiatría.


Sin embargo, pronto comprendí que el conocimiento clínico, aunque esencial, no era suficiente para abarcar la complejidad de la experiencia humana.
Esto me impulsó a ampliar mi formación hacia una mirada más integradora, incorporando aportes de la psicología, lo simbólico y las tradiciones de sabiduría que, a lo largo de la historia, han intentado responder a las grandes preguntas del ser.
 

Mi recorrido estuvo acompañado por experiencias personales significativas: pérdidas, desafíos en la salud y procesos familiares complejos que profundizaron mi comprensión del dolor, la resiliencia y la transformación.
Lejos de ser un obstáculo, estas vivencias se convirtieron en una base real desde la cual acompañar a mis consultantes con mayor sensibilidad, respeto y profundidad.

A lo largo de los años, también integré aprendizajes provenientes de distintos contextos culturales y experiencias de vida, ampliando mi perspectiva sobre la condición humana y sus múltiples formas de expresión.
Este recorrido dio origen a mi enfoque actual: una psiquiatría que no se limita a intervenir sobre el síntoma, sino que busca comprender su sentido dentro de la historia singular de cada persona.


Hoy acompaño procesos de cambio desde una práctica que integra praxis médica y mirada humanista, con el objetivo de generar transformaciones sostenibles y significativas.
Entiendo la psiquiatría no solo como una práctica clínica,
sino como un espacio donde el conocimiento y la consciencia pueden encontrarse para abrir nuevas posibilidades.

Consultorios del Arbol

Consultorios del Arbol nace de una visión... crear un espacio donde la medicina, la calma y la naturaleza se encuentren.
Al elegir este lugar en la ciudad de Santa Fe, lo hice guiada por su entorno. Rodeado de amplios espacios verdes como la Plaza Escalante y el Parque Federal, entendí que el contexto natural también forma parte del proceso de bienestar.
En el año 2014, construí este espacio prácticamente desde cero, con una intención clara: que cada ambiente transmitiera paz, armonía y contención.
En su pared sur cuenta con el símbolo del árbol realizado en mosaicismo que es una representación profunda: el árbol como estructura, sostén y vida.
 Un camino rodeado de verde conduce a la entrada principal, invitando a una transición: del afuera hacia un espacio de calma.
Al ingresar, un patio con árboles frutales, flores y plantas aromáticas recibe a quienes llegan. Las paredes revestidas en piedra, la luz natural y los detalles cuidadosamente elegidos construyen una atmósfera serena.
El recorrido continúa hacia la sala de espera, donde el arte, la música y la presencia de un patio interno al que llamo “el patio del ángel” invitan a la contemplacion. 
Este proyecto nació también de una búsqueda personal: comprender las raíces, la historia y los vínculos que nos constituyen. En ese mismo proceso, pude reconectar con mis raices familiares y potenciar la idea de sanacion de los vinculos a traves de la psicogenealogia.
El árbol, entonces, se volvió el eje de todo.
Representa lo que sostiene, lo que nutre, lo que da sombra y abrigo. Representa la vida en sus ciclos, la transformación constante y la conexión entre lo visible y lo profundo.
En distintas tradiciones, esta imagen ha sido central ya que el Árbol implica la posibilidad de crecer, comprender y evolucionar.
Consultorios del Árbol es, en esencia un espacio donde cada persona puede encontrar un lugar para sanar, comprender su proceso y abrirse a una transformación.
Como un árbol, cada proceso tiene raíces, un tiempo de crecimiento y la posibilidad de florecer.

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